15 septiembre, 2006

pasen y vean al funambulista



tightrope walker (equilibrista)



el problema no tenía mayor trascendencia, supongo. pero al fin y al cabo era un problema. supongo que el problema era que no sabía cómo resolver el problema. creo que empiezo a repetirme. cuando llevas toda la vida andando por la cuerda floja, no le prestas mucha atención.

atención, esto no es una metáfora. llevo toda la vida en la cuerda floja.

¿cómo sucedió?

antes pasaba mucho tiempo en la cama; me gustaba soñar. es fácil asegurarse las imágenes mediante el consumo de ciertas hierbas, ¿sabe? una mañana me levanté con intención de poner los pies en el suelo, y apareció esa maldita cuerda. todo lo que pisaba era esa maldita cuerda. y el vértigo... ¿tiene un cigarrillo? gracias. por favor, acérquemelo. no puedo inclinarme mucho o me caeré. gracias. hablar de este tema me pone nervioso.

el caso es que caminaba, siempre con un pie pegado al otro, hasta que me adapté a la nueva situación y pude hasta bailar sobre la cuerda. a partir de entonces todo empezó a ser más fácil. pero en el fondo seguía sintiendo el miedo, como aquella mañana, como el primer día, cuando me levanté. no sé cómo, le juro que no sé cómo ocurrió, pero ocurrió... que mi cama estaba ahí arriba, no sé cómo alguien la había colgado arriba. y a mi alrededor todo eran payasos y malabaristas, acróbatas y domadores, todos cumpliendo su papel en el espectáculo. como no podía ser de otra forma, me enamoré de la bailarina principal. ya sabe cómo son estos estúpidos cuentos. ¿tiene fuego? gracias. pues eso, a lo que iba... no podía bajar de la cuerda ¿entiende?

aquello estaba endiabladamente alto, no podía bajar, de verdad. y cualquier cosa servía para inclinarme a un lado o a otro. yo nunca pedí ser equilibrista ¿sabe? ¿por qué iba a pedirlo? yo siempre había tenido miedo a las alturas, y esa pesadilla recurrente de que me caía desde muy alto, como todo el mundo... ¿sabe lo que dicen los psiquiatras de eso?

y tampoco me gusta el circo, nunca me ha gustado. los payasos me dan miedo, como a todo el mundo. tampoco pedí despertar en esa estúpida carpa, con mi cama suspendida a treinta metros de altura... ja... pero estas cosas simplemente ocurren, como suele decirse. de nada tenía certezas. entiéndame, mi mundo había volcado tan de repente, para convertirse en algo tan rocambolesco... sí, rocambolesco, estrafalario. y ¿qué decir? ya se sabe, todas las historias son historias de amor. yo me enamoré de la bailarina principal. no me di cuenta de lo estúpido que era aquello porque nunca había visto un musical, y no sabía que en los musicales siempre se enamoran todos de la bailarina más guapa, que es la principal.

y aquí también era la principal, hacía un número increíble con una silla y un kilo de limones... no, no, el espectáculo era para todos los públicos. todo esto se podría evitado de haberme quedado en la cama. a lo mejor, de haberme dormido otra vez, hubiese despertado de nuevo en mi vida anterior, normalizada, donde la gravedad no suponía un problema. o a lo mejor incluso en otro lugar, despertarme quizá en un musical, y ser el bailarín, y tener posibilidades de ser amado. pero no las tenía porque vivía en una estúpida cuerda. ¿puedo echar la ceniza en el suelo? gracias.

y cuando llegaba la noche, trepaba otra vez hasta mi cama. al menos al principio; luego empecé a tenerle miedo también. pensé que no podía regalarme ni unas horas de horizontalidad. poco a poco, aprendí por fuerza a dormir de pie sobre la cuerda. y a veces me sentaba un poco en el medio, ese era todo el reposo que le permitía a mi cuerpo. ese y algún cigarrillo convenientemente encendido por algún trapecista. no es que hiciera falta que me lo encendiera un acróbata, pero ya sabe cómo son en el mundo del espectáculo, a todo les gusta darle pompa.

y es un problema, temer secretamente al desequilibrio. es así, ¿sabe? funciona por concentración; todo en la vida funciona por concentración. si quieres hacer algo tienes que poner toda tu voluntad en hacerlo, y que nada, nada te distraiga. usted puede sentarse si quiere. perdone que no me acerque más, ya sabe lo que arriesgo.

otro problema era precisamente que yo sí tenía con una distracción... una distracción preciosa. creo que todo el mundo en el circo estaba secretamente enamorado de ella, incluso jorge, el domador supuestamente zoófilo. yo siempre tuve la certeza de que las miradas y las escuchas la atrapaban a ella, porque estaban a su vez atrapadas por ella. todo eran moscas a su alrededor, ya me entiende. yo sentía el vértigo crecer cada vez que pronunciaba su nombre. ¿que cómo se llamaba ella? no lo sé. gudrick el magnífico, el famoso mago hipnotizador (pases a las ocho y a las diez), utilizó su poder conmigo para hacerme olvidar su nombre cuando ella se marchó. decía que la palabra podía ser fatal para mí, provocarme un desequilibrio... y después del desequilibrio vendría la horizontalidad permanente, usted ya me entiende.

no, no se fugó con el trapecista. usted se cree que esto es un cuento. no, no lo es. no, parece un cuento pero no lo es. es la pura realidad. déjeme a mí contar el final. todo el mundo, como digo, estaba enamorado de ella... y yo más que nadie, creo. bueno, cierto que los demás eran más efusivos en sus muestras de afecto, pero también tenían la ventaja indiscutible de poder acercarse a ella. yo sin embargo permanecía arriba, triste, y cuanto más pensaba en su sonrisa, en sus danzas, en su manejo de los limones... cuanto más pensaba, más dudaba al caminar, más sudaba, más difícil se me hacía vivir en la cuerda. y el sueño de la caída se me repetía una vez y otra. ¡sabe usted, sí yo hubiese podido, hubese cortado mi cuerda para poder atar una estrella fugaz y regalársela! perdone la cursilería, es lo que suelen decir en los cuentos ¿no?

pero la cosa aún podía ponerse peor. el director del circo, viendo el descenso de las cifras de ventas, decidió aunar a los circenses para hacer números combinados. en mi número, para mayor dramatismo, se incluyó a la bailarina. el espectáculo tendría lugar la semana siguiente a su anuncio. yo estaba tan asustado que me pasaba el día agarrado a la cuerda para no caerme.

y claro, inevitablemente, el día llegó. el espectáculo era sencillo. ella tenía que recorrer en bicicleta la arena del circo, mientras que yo me balancearía en la cuerda con gracilidad, esquivando los limones que la dama me arrojaría en sus cabriolas.

antes de empezar el espectáculo, me invadió una tranquilidad que asocié con la media botella de whisky que me había dado mi amigo el trapecista, y que le había devuelto vacía en cuanto el balanceó le permitió recogerla, al grito de "¡aprovechao!"

y cuando los limones pasaron rozándome, nada me preocupaba. un pensamiento me abordó, y era la idea terrible de que, si ella no iba a amarme, prefería morir así, alcanzado por lo único suyo que había podido tener: un limonazo en la oreja. cerré los ojos y me detuve en la trayectoria del último limón que su hermoso pie me había lanzado, recitando para mí los famosos versos del poeta, "me tiraste un limón, y tan amargo..." y cuando el limón me acertó, y sentí que el vértigo hacía finalmente presa de mí, el maldito trapecista me recogió en el aire.

¡no se conformaba con emborracharme antes de una actuación!¡tenía además que abortar mi intento de suicidio!

aquella noche todos pasaron miedo, y ella la primera. decidió dejar el número y el circo, que tantos sustos le habían dado ya, para dedicarse a bailar desnuda en clubs a los que nunca podré ir por culpa de esta mierda de maldición.

y este que sostengo en mi mano es el limón, el mismo que ella me arrojo, lo único que me queda ya de ella.

y ahora que no hay nadie aquí, salvo usted y yo, ¿podría hacerme un favor? verá, es que se me da mal la autoaniquilación... no puedo perder el equilibrio voluntariamente. lo máximo que puedo hacer es entregarme pasivamente a la voluntad de quien quiera darme un pequeño empujoncito. ¿le importaría...?

¿le importaría tirarme este limón a la oreja?


15 comentarios:

calpu dijo...

lo dle limon me recuerda a la patata de monty phyton.. eh si tienes una patata! si me la regalo mi novia. OOh debe de quererte mucho!
que tipico de ti enamorarte de la bailarina principal jeje :P desde tan lejos le veias las cejas?

mariña dijo...

mmmmm me gusta...

Siempre voy con segundas dijo...

Te lo tiraría gustoso. Créeme.

Cocodrilo Dundee dijo...

Es usted fonambulista?

Que suerte! precisamente estaba buscando a alguien que supiera cómo tratar a un canguro las hemorroides.

La pelota china dijo...

Pues si se cae...

... No olvide rebotar.

Amo las botas dijo...

¡Protesto señoría!

¡Este individuo lleva chancletas!

La bailarina dijo...

No tuvimos mucho tiempo para llorar su ausencia, fue necesario convocar una reunión de urgencia. En menos de cuarenta y ocho horas nuestro queridísimo equilibrista se había colado por uno de los agujeros de la red y se había estampado contra el suelo, la mujer barbuda se había fugado con el hombre bala que, además de imberbe, era el socio capitalista del circo y los leones habían cogido una indigestión de consomé al jerez.

A nadie se le ocurrió una solución para que el circo no cerrara sus puertas, así que, pensamos que lo mejor sería empezar a enrollar la lona.

Pero, entonces, apareció él.

Aún recuerdo la primera vez que lo vi. Su oscuro cabello impecablemente peinado con escuadra, cartabón y brillantina, su piel, sus dientes blancos, su acento francés, su currículo…

Me gustó el relato, aunque su final transpira un estado de ánimo excesivamente depresivo para mi gusto. Podía haber recorrido la distancia entre Villaarriba y Villaabajo en unos segundos y abandonar la cuerda floja para reunirse con su bailarina... un final más clásico, pero también más optimista.

pepito grillo dijo...

la bailarina seguro que era de esas que se hacen querer, que se hacen las misteriosas y a las cuales idealizamos porque son bellas...pero que al final resultan ser ácidas con el limón...
buen relato, seguiré visitándote, un saludo.

el frutero dijo...

Putos limones.

Alfombrilla dijo...

Yo conocí a una bailarina así. Tenía nombre de felpudo.

El tropiezo ensimismao dijo...

La vida es como un trapecio. Vas trapecias, y te caes.

susurradora dijo...

Quien no ha deseado alguna vez que su muerte viniera de un limonazo??????

rulinha dijo...

¿has visto freaks, la parada de los monstruos? las historias de amor circenses son de lo más ruin...

Un tipo que sólo hace comentarios dijo...

En los circos no canta el grillo, ritma la música de una estrella en lo alto de un trapecio. Traza
sus órbitas de oro en la desolación etérea.La buena gente piensa - sin embargo - que canta una cajita de música en la lona.

Northye dijo...

LIMÒN!