17 septiembre, 2007

15 septiembre, 2007

11 septiembre, 2007

les embouteillages








Es otoño en los árboles, aunque no en los meses. Los días grises son como los azules, pero grises. Las vías del tren esperan el momento para convertirse en escaleras de mano. Que dios nos coja confesados: hoy estoy metafórico.

Que se acabe el mundo con un punto y coma: hoy estoy metafórico. "Rojo como una amapola y negro como el azabache". Desgastado como el viejo científico harto de usar las mismas fórmulas.
Aunque, para ser sincero, lo mío no son las mates. Ni siquiera sé hacer una ecuación de segundo grado.

Divago.

Dejadme que divague, coño, que me aburro. En el tren hay una niña que se ríe, con aire solemne y el flequillo métrico. Esta niña dentro de cincuenta años será mi profesora de biología del instituto. O por lo menos se parece mucho. Y ya me han contado que el tiempo es cíclico. Todo es cíclico. Todo, salvo una película de Ozu.
Eso no es cíclico, eso es un coñazo.

Dios, sálvame de las garras de la estupidez. Sólo tengo veintidós años. Demasiado joven para no ser estúpido.

Tendré que aprender a articular los sonidos guturales que tanto se llevan en las cavernas: la "B" con la "R", "Britney Spears".

Elijo ser una patata. Elijo la insensibilidad. Podría hacer carrera. Al fin y al cabo sólo hay un paso de ser patata a ser papa. Ese chiste que no conste, por favor. Soy demasiado joven para ser ingenioso.

Me aburrí de ser el mismo siempre y ahora soy otro. Ahora tengo bigote.
Me miro al espejo todos los días y ¿sabes lo que veo? Pues un tipo con bigote, qué voy a ver. Empiezo a sospechar que soy yo. Sea quien sea, no pienso invitarle a comer: él siempre pide pollo y yo estoy a dieta.

Estoy a dieta mental: sólo leo el dorso de las cajas de cerillas. Empiezo a hacerme un experto en insignificancias, como por ejemplo la Humanidad. Un, dos, tres, responda otra vez. ¿Soy una víctima de la tele, repitiendo una y otra vez los mismos chistes de 'los simpson'? Sea quien sea, debo dejar de comer pollo; estoy echando tripa.

Sé que hay un momento en la vida de todo hombre en el que se empiezan a ver las cosas claras. Estoy esperando ese momento, pero es que ni tengo reloj, ni tengo gafas. Eso sí, tengo bigote. Pronto podré ser canciller alemán, o cocinero italiano, o ejercer cualquier otra profesión para la que exijan bigote.

Tengo que conseguir una profesión, eso está claro. Para algo estoy estudiando una carrera, o tal vez no. A lo mejor estoy estudiando una carrera para poder ir al paro con la cabeza bien alta.
Dígame su profesión.
"Estoy desempleado, pero estudié una carrera".
Soy exactamente igual que tú, estudies o trabajes. Quizá soy un poco más alto, pero ahí terminan las diferencias.
A menos, claro está, que no tengas bigote.

08 septiembre, 2007

hasta los cojones

estudiar supone acumular conceptos.
uno,
otro,
y otro más.

hasta la saturación.