
'No deberías precuparte tanto. estoy seguro de que Neftalí se las apañará. además, tiene la casa de su madre."
'no le conoces. estoy seguro de que ha dicho eso de su madre para que no nos sintiésemos obligados a ayudarle. la realidad, probablemente, es que no tiene ninguna salida. voy a llamarle.'
'¿Qué?'
'Ya me has oído. voy a llamarle.'
'clara, no te obsesiones. tienes que vivir el momento.'
'¿te refieres al momento en el que nos emborrachamos en este tugurio o al momento en el que neftalí está perdido vagando por las calles?'
'me refiero al tuyo.'
'eso es muy egoísta.'
'vale.'
'¿me dejas llamarle, entonces?'
'haz lo que quieras. pero más te vale gritar muy alto, porque no tiene el móvil.'
'mierda, es verdad.'
durante unos segundos el silencio se hace patente. incluso en este lugar donde la música no me deja ni pensar. parece que se ha acabado la canción y nadie se molesta en cambiar el disco.
miro a clara. me resulta tan dulce cuando se preocupa por alguien que no puedo soportarlo. me pregunto qué diría si supiera que estoy enamorado de ella.de nuevo, ella habla y yo escucho.
'no me encuentro bien.'
'no te preocupes tanto.'
'no me parece justa esta situación.'
'pues escribe a tu congresista.'
por primera vez en un buen rato, ella sonríe. cuando consigo eso, ya puede acabarse el mundo porque soy feliz. y de repente, como activada por la aparición de sus dientecitos de ardilla, la música vuelve a sonar.