
... y ser sin rumbo cierto."
Ya lo dijo el maestro Rubén Darío. Existir es tropezar, por cuanto es andar a ciegas. No sólo tropieza el hombre dos veces con la misma piedra, sino que tropieza todas las veces que haga falta. Nuestras mentes encontrarán más errores que aciertos, y por lo tanto están más hechas para el error que para ninguna otra cosa. Fallar y fallar y fallar, y volviendo a las citas obvias, "prueba otra vez, fracasa de nuevo, fracasa mejor".
El fracaso es el pan nuestro de cada día. Un pan rancio que siempre hay que comerse y al que se le termina por coger el gusto. Yo por ejemplo, he decidido volverlo a intentar. Volver a intentarlo todo, aun con pocas perspectivas de victoria. Cada día es una prueba, y la derrota viene asegurada desde antes incluso de sacar el pie de la cama. Porque incluso los triunfos son derrotas en la medida en que anulan otras posibilidades, y en el sentido en que no son otros triunfos.
Lo que está claro es que es imposible triunfar en todos. Tenemos que elegir, entre la niebla, y a veces acertaremos en elegir al menos un fracaso hermoso. Sentirnos bien en un fracaso.